En este espacio comparto mi intimidad solo con amigos, ya que ellos serán comprensivos.
Aquí me confieso y si tu quieres puedo responder tus preguntas y escuchar tus confesiones.
También tienen lugar las fantasías, porque ellas forman parte de nuestra vida, pero las diferenciaremos claramente para poder conocernos mejor.

jueves, 6 de mayo de 2010



Mi nuevo blog, para seguir encontrándonos, pincha sobre la imagen

domingo, 25 de abril de 2010


Mi Señor se enteró de la existencia de un "club de la pelea" en un gimnasio en Manila.
La práctica de luchar hasta agotar la resistencia del oponente como en una pelea callejera donde vale todo, pero siempre limitándose a las armas que brinda el propio cuerpo sin ninguna otra ayuda, parece que es popular en todo el mundo.

Mi Amo conoce cuanto me atrae la idea del Fight Club, desde que leí el libro de Chuck Palahniuk y ví la película de David Fincher; en la visita que hicimos recientemente a Amsterdam asistimos a un espectáculo sobre el tema y comprobé que me seguía atrayendo la idea de participar de una de esas peleas.

Acompañados por stephan el viernes por la noche asistimos a ese gym center, y el Amo gestionó mi participación.
En el lugar se encontrarían unos cincuenta hombres de todas las edades y aparentemente de distintas condiciones sociales.
La enorme mayoría creo que concurría para hacer apuestas y formaban el círculo que encerraba la zona donde se desarrollaban las peleas.

Me quité la camisa y las zapas; y descalzo, con el torso desnudo, vistiendo solo un jean me encontré de pronto en la pista, rodeado por unos tipos vociferantes en un idioma que no termino de descifrar.

Mi oponente, más bajo de estatura (le calculé cerca de un metro setenta y cinco) magro, de piel muy blanca cuajada de tatuajes, ojos orientales y rapado, me pareció un rival fácil de vencer.

Cuando me sorprendió con una patada voladora en pleno abdomen que me quitó el aliento cambié de idea. El muchacho conocía mucho más que yo las tretas de las artes marciales orientales, y proyectaba a cada uno de sus golpes la fuerza y el peso de todo su cuerpo.


Lo que siguió después no creo que pueda relatarlo con objetividad porque me perdí en una nube de furia, tratando de defenderme, intentando destruirlo.
No podía pensar donde me convenía golpearlo ni como podía esquivar los golpes.
Todas mis reacciones fueron instintivas.
Tal vez mi entrenamiento de perro me ayudó para salvarme y atacar.

Recuerdo que varios brazos me tomaron para separarme del chico filipino, cuando lo tenía aplastado por mi peso y lo estaba estrangulando.

stephan me limpió la cara mi camisa.
Mientras conducía rumbo a casa el Amo comentó que había ganado un poco más de mil dólares apostando por mí, todos comenzamos a reírnos y como si hubiese apretando un botón para arrancar en ese momento noté el efecto de los golpes en todo el cuerpo.

En la cama del Amo, después de una ducha reparadora mi Señor me besó con pasión y acercó su boca a mi oído para decirme:
- Mi perro valiente, te has jugado y te has lucido como macho.
- Ahora te tienes que lucir como mi hembra.
- Ábrete.




Las ilustraciones son una representación artistica del sofisticado fotógrafo Adam Bouska


miércoles, 21 de abril de 2010



Otra vez en el espacio físico de mi celda, la morada de mi Amo, enfrentando una nueva etapa.

Sus ordenes han sido claras tenemos que prepararnos para asumir otras responsabilidades. Estoy hablando por mí y por el cachorro.

Además de dedicar tiempo e intensidad a nuestro entrenamieto físico, leer, escuchar y ver las lecturas, música y films que nos indique, varias horas al día con regularidad nos ocuparemos en tareas relacionadas con su negocio.

Esas rutinas en las que apasionadamente debemos ser brillantes, porque tenemos el privilegio de su propiedad personal; son solo una parte, la parte del iceberg visible.

La masa enorme de hielo sumergida es nuestra vida dedicada a darle satisfacción y a obtener la mejor recompensa: haber sido elegidos para esa misión.


El floger de crin de caballo sacudido sobre mi piel, despertándola para recibir multiplicada su sensibilidad el contacto de la yema de los dedos de mi Amo, el sonido de su boca juntando saliva junto a mi oído, adivinar su rostro cuando escupiéndose la mano me humedece para luego penetrarme.

Si me fuese permitido en ese momento le rogaría para que me ocasione más dolor, para poder brindarle mi cuerpo más estremecido, más tembloroso.

sábado, 10 de abril de 2010

Este cuadro de Jan Asselijn (1615-1652) mide 144x171 se exhibe en el Riksmuseum de Amsterdam su título se puede traducir como "el cisne amenazado"

Entre tantas maravillas como tiene ese museo, muchas de ellas reproducidas en todos los libros de arte, este cisne que no conocía me impresionó de una manera especial. No puedo explicarlo racionalmente. Sentí necesidad de estar sujeto entre los brazos de mi Señor y no me calmé hasta que un par de horas después se lo pedí y me lo concedió en la intimidad del hotel.


viernes, 9 de abril de 2010


Fight Club / El Club de la pelea / El Club de la lucha
La novela de Chuck Palahniuk que se vió en los cines en una versión de David Fincher con Brad Pitt y Edward Norton, sirve de base de partida para una perfomance adrenalínica de "De Club" en Amsterdam

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viernes, 2 de abril de 2010

Las marcas de los últimos latigazos todavía no se han borrado definitivamente.
Pero ya no impresionan.

Al regresar del trabajo me esperaban el Amo con su cachorro.

Fui conducido a los fondos de la casa. Mi Señor me ordenó desnudarme y después de inspeccionarme el cuerpo le indicó a stephan que me quite el candado y el cinturón de castidad.

Nuestro Dueño se sentó a fumar mientras el cachorro siguiendo sus indicaciones me untó todo el cuerpo con jugo de limones recién cortados, y luego me aclaró con la manguera de regar el jardín.

Por más que el ardor del limón y la disciplina me hacían tener los ojos casi cerrados y con la mirada apuntado al suelo, sabía de la presencia del Amo y era consciente de la situación por lo que mi pene liberado después de varios días de encierro no tardó en ponerse duro.

La voz del Amo se escuchó cuando emitió las siguientes ordenes a stephan:

-Sécalo con fuerza
-Chúpale la verga
-Trágate toda la leche

Tal vez fue una de las veces que más rápido me corrí. Ya he mencionado que no conocí a nadie con el arte del cachorro para dar placer con su boca y su garganta.

El cansancio que traía de trabajar en la cámara, los nervios, la tensión descargada después de varios días y esa super-rápida y eficaz mamada me aflojó las piernas.

Me dí cuenta que, aunque de forma leve me temblaban.

-Trae el anillo que te indiqué- Sonó al otra orden del Amo, y stephan salió y volvió con velocidad todavía relamiéndose la leche.

-Ven aquí perro, ahora que la tienes floja voy a colocártelo- Esa orden ahora iba dirigida a mí.

¿Recuerdan el anillo dentado que hace un tiempo les confié que usé para el gusto de mi Señor?

Era ese mismísimo anillo del que ya me había olvidado.


-Vamos que hoy quiero romper tu culo, y lo quiero bien ajustado.
-Y quiero sentir todo tu cuerpo retorcerse, así que el cachorro te la chupará mientras tanto para que la verga te crezca al máximo.
-Vas a sufrir con tu Amo y mañana pasearás tu apéndice lastimado en el vestuario de tu trabajo, en los urinarios, para que todos sepan que tu Señor está siempre atento a lo que mereces sufrir y gozar.

Sangre y semen, fuertes dosis de dolor y placer. Solo en el estado de fascinación en que me sumerge el Amo puedo soportarlo.

Y aquí, cuando ya pasó todo, reflexiono que no es exagerado decir que de su mano me he atrevido a conocer desde adentro otro mundo, otra vida.

martes, 30 de marzo de 2010


Extrañaba la caricia del látigo.

El Amo me dio con furia en la espalda y en el pecho, y en ningún momento mencionó el motivo.

No voy a dar detalles, solo contarles que me dejó marcado más que otras veces, con marcas que tardarán en borrarse algunos días.

Me ordenó ponerme el cinturón de castidad de acrílico, y de entregarle la llave del candado después de cerrarlo.

Por último me comunicó su última orden, la que más me costó cumplir...

"Antes de empezar tu trabajo esta mañana, así como al terminarlo esta tarde, te ordeno que te desnudes completamente. Quiero que al cambiarte de ropa en el vestuario del mercado, todos tus compañeros vean las marcas del látigo y tu verga presa. No digas palabra, solo te muestras y bajas la vista"

De mis compañeros escuché risas y comentarios en su idioma que no entendí.

Sabía que el Amo no podía controlar que yo cumpliera con sus ordenes, y contrariamente a lo que pueda pensarse, la ausencia de su control me aguijoneaba para esmerarme en cumplir, en demorarme desnudo parado frente al locker, en asegurarme que todos me vieran en detalle.

Solo levanté la vista después de volverme a vestir.
Por la tarde a la salida de mi turno el público en el vestuario es mayor todavía, porque en ese horario hay cambio de personal y nos retiramos los empleados de la mañana mientras ingresan los del turno tarde.

Confieso que no les veía los rostros con excesiva nitidez porque tenía la visión nublada.
Pienso que los que me conocen de vista me odian porque ven en mí una bestia que hace el trabajo de dos, y al mismo tiempo me respetan porque tal vez por razones raciales o de entrenamiento los supero físicamente.

Por más moreno que sea o por más tostada por el sol que tenga la piel, al entrar y salir de las cámaras de frío naturalmente me ruborizo, pero la verdad es que sentía las orejas calientes y latiendo como si la sangre se tratara de escapar.

Pero creo que el mensaje de mi Señor les quedó claro a todos esos individuos con los que ocasionalmente comparto parte de mi tiempo.

"Esta bestia de carga tiene Propietario. Este perro no es dueño de su cuerpo, no es dueño de su sexo"

Cuando regresé a la casa y hasta ahora que escribo este post, mi Señor no ha preguntado nada ni me ha hecho ningún comentario, supongo que querrá que repita mi conducta, porque no me ha quitado el candado.

domingo, 28 de marzo de 2010

Tal vez de entre los pecados que hacen indigno a un esclavo el peor sea celar al Amo

La infidelidad, la envidia, no se pueden siquiera concebir, quién cayera tan bajo no sería digno de ser el perro de su Señor.

Pero los celos son traicioneros, acechan a los que amamos y nos engañan.
Tengo mi alma manchada porque en algún momento también me dejé arrastrar por ellos, nunca dejaré de sentir vergüenza.

Les copio a continuación otro fragmento de "El muchacho persa" de Mary Renault, donde el enamorado esclavo Bagoas se deja llevar por los celos asistiendo a los amores de Alejandro y Hefaistion:

"Hacía tiempo que no recordaba con claridad a mi padre.
Ahora su rostro se me apareció de nuevo bendiciendo a mis futuros hijos. Tal vez sus palabras no hubieran sido tan vacías como el viento.
-Sí, dime en qué piensas -me dijo Alejandro. -Que los hijos de los sueños sobreviven a los hijos reales -repuse. -Eres un vidente; lo he pensado con frecuencia. No le contesté: «No, mi señor, no soy más que un eunuco que procura sacar de ello el mejor partido»

...


yo me decía a mí mismo: «He podido hacer por él lo que no pudo Hefaistión.»

¡Qué perverso es el corazón! Darío no me había ofrecido amor ni me lo había pedido y, sin embargo, me había parecido justo mostrarme agradecido por todo lo que me daba: un caballo, un espejo, un brazalete. Ahora, en mi fortuna, se me abrasaba el alma porque había habido otro antes que yo.
Era necesario que le tuviera todo para mí.

En todo menos con palabras me daba a entender que experimentaba conmigo más placer que con ningún otro que me hubiera precedido; era demasiado generoso para quitarle importancia. Pero las palabras jamás las pronunciaba y yo sabía muy bien por qué. Eso hubiera sido violar la lealtad. Nadie es dueño de los dioses. Pero hay algunas personas a las que éstos hacen más suyas que a las demás. Lo recordaba. Había veces en que hubiera deseado asirle con ambas manos gritando: «¡Quiéreme más que a nadie! ¡Dime que me quieres más que a nadie! ¡Dime que me quieres más que a ningún otro!»

...

Me hallaba entretenido en estos pensamientos cuando llegó un mensajero portando gran número de cartas de Macedonia. El rey las tomó y se sentó en el diván que tenía más cerca como si fuera un hombre corriente.
Solía hacer estas cosas. Yo ansiaba decirle que lo perjudicaban.
Mientras examinaba las cartas, Hefaistión se acercó y se sentó a su lado. Yo jadeé en voz alta. Eso superaba cualquier otra afrenta. Pero Alejandro se limitó a entregarle algunos rollos para que los sostuviera. No estaban muy lejos de mí. Escuché que Alejandro decía, suspirando, mientras tomaba la más abultada de las cartas. -De mi madre. -Léela primero y termina -le dijo Hefaistión.
Aunque lo odiaba, sabía que las mujeres de Darío lo habían agasajado con honores reales en la confusión de su pesar.
Según los cánones persas, supongo que era el más hermoso: más alto, con facciones tan regulares que casi rayaban con la perfección. Cuando su rostro aparecía inmóvil, ofrecía una expresión grave y casi triste. Tenía el cabello de reluciente color bronce, si bien mucho más áspero que el mío.
Entre tanto, Alejandro había abierto la carta de la reina Olimpia.
Y Hefaistión, apoyado sobre su hombro, empezó a leerla también.

En medio de mi amargura advertí que hasta los macedonios se habían escandalizado.
Sus murmuraciones llegaron hasta mí:
-¿Pero quién se cree que es? -Bueno, ya lo sabemos. Pero no hace falta que lo proclame a los cuatro vientos.

Uno de aquellos veteranos que seguían apegados a sus barbas y a sus toscos modales dijo:
-Si él puede leerla, ¿por qué no podemos escucharla los demás?
Alejandro levantó la mirada. No llamó a los guardianes para que arrestaran a aquel hombre. Ni siquiera le reprendió. Se limitó a quitarse la sortija de sello, se volvió hacia Hefaistión sonriendo, y cubrió los labios de éste con el sello real.
A continuación, ambos siguieron leyendo la carta.
Yo siempre había sabido actuar con suavidad, aunque me cegaran las lágrimas. Nadie advirtió que me marchaba.

Corrí a las cuadras y me alejé al galope de la ciudad, dirigiéndome a las marismas, donde unas nubes de negros pájaros se levantaron gimiendo y gritando como los pensamientos de mi corazón. Mientras regresaba a casa, los negros pensamientos se apaciguaron y se posaron como cuervos sobre una horca. «No puedo soportar la vida si vive ese hombre. Tendrá que morir.»

jueves, 25 de marzo de 2010

"....
-Perdemos a uno de cada cinco cuando los castramos.
«Castrarlos», pensé mientras la mano del terror cerraba la puerta de la comprensión. Había visto cómo lo hacían con los bueyes en casa. No hablé ni me moví. No imploré nada. Sabía que no podía esperar piedad alguna del mundo.
La casa del tratante era fuerte como una prisión y los muros del patio tenían quince pies de altura. A un lado había un cobertizo en el que llevaban a cabo las castraciones. Primero me purgaron y casi mataron de hambre porque se considera que de esta forma es más seguro; me acompañaron al interior, frío y vacío, y vi la mesa con los cuchillos y la estructura con una especie de moldes para las piernas separadas a la que te atan, con negras manchas de sangre reseca y sucias correas. Me arrojé entonces a los pies del tratante y se los abracé llorando. Pero fueron para mí como mozos de granja ante los lamentos de un ternero. No me hablaron, me desnudaron mientras hablaban entre ellos de no sé qué chismorreos de mercado, hasta que empezaron, y yo no supe de otra cosa más que del dolor y de mis propios gritos.
Dicen que las mujeres olvidan los dolores del parto. Es que se hallan en manos de la naturaleza. Ninguna mano tomó la mía. Fui un cuerpo de dolor en una tierra y cielo de tinieblas. Sólo la muerte conseguirá que lo olvide.
Había una anciana esclava que me vendó las heridas. Era hábil y limpia porque los muchachos eran mercancía y, tal como me dijo en cierta ocasión, la azotaban si perdían a alguno. Los cortes apenas se me ulceraron; solía decirme que me habían hecho un buen trabajo y más tarde, añadía, riéndose, yo saldría ganando. De nada me servían sus palabras y sólo sabía que se reía de mi dolor.
Cuando sané me vendieron en pública subasta. De nuevo permanecí de pie desnudo, pero esta vez ante la gente que me miraba. Desde la plataforma en que me encontraba podía ver los brillantes destellos del palacio en el que mi padre había prometido presentarme al rey.
Me compró un mercader de piedras preciosas, si bien fue su esposa quien me escogió, señalándome con el dedo de uñas pintadas de rojo desde su silla de manos encortinadas. El subastador se había demorado y había insistido; el precio le había decepcionado. A causa del dolor y los sufrimientos, había perdido carne e indudablemente buena parte de mi postura. Me habían atiborrado de comida, pero yo la había vomitado casi toda, como si mi cuerpo se negara a vivir; y así se libraron de mí. La esposa del joyero quería a un agraciado servidor que la distinguiera de las concubinas y yo le bastaba. También poseía un mono de verde pelaje.
Me encariñé con el mono de cuya alimentación estaba encargado. Cuando me veía, volaba hacia mí saltando por el aire y se me agarraba al cuello con sus negras y duras manecitas. Pero un día ella se cansó y lo vendió.
Todavía era joven y vivía al día. Pero cuando vendieron al mono empecé a reflexionar. Jamás sería libre; me comprarían y venderían como al mono; y jamás sería un hombre. De noche yacía despierto pensando en ello y de día me parecía que sin la virilidad me había hecho viejo. Ella me dijo que tenía aspecto enfermizo y me facilitó un remedio que me produjo intensos retortijones. Pero no era cruel y jamás me azotaba a menos que rompiera algo que apreciara.
Encontrándome en casa del comerciante se proclamó al nuevo rey. Al haberse extinguido la descendencia directa de Ocos, sólo era real por parentesco indirecto pero parecía que el pueblo le amaba. Datis, mi amo, no traía ninguna noticia al harén pensando que la única ocupación de las mujeres era la de agradar a los hombres y que la de los eunucos era la de vigilarlas. Pero el jefe de los eunucos nos traía todos los chismorreos del bazar complaciéndose en su propia importancia. ¿Por qué no, si era lo único que tenía?
Darío, el nuevo rey, decía, poseía belleza y valor. Cuando Ocos se hallaba en guerra con los cardusios y su gigantesco campeón había desafiado a los guerreros del rey, sólo se había adelantado Darío.
Tenía seis pies y medio de estatura y había traspasado al hombre con un solo venablo, y desde entonces había vivido rodeado por la fama. Había habido consultas y los magos habían escrutado los cielos pero nadie se había atrevido en el consejo a oponerse a la elección de Bagoas, al que temían demasiado. No obstante, parecía que hasta aquellos momentos el nuevo rey no había matado a nadie. Se decía que era bondadoso e indulgente.

Mientras agitaba el abanico de pavo real de mi ama, recordé la fiesta del cumpleaños de mi padre, la última de su vida; los huéspedes subiendo por la colina y entrando a través de la puerta, los sirvientes encargándose de los caballos; mi padre, conmigo al lado, dándoles la bienvenida. Uno de los hombres superaba con mucho la estatura de todos los demás y ofrecía un aspecto tan guerrero que ni siquiera a mí se me había antojado viejo. Era apuesto, con todos los dientes sanos, y me había levantado en brazos como a un niño pequeño provocándome la risa. ¿No se llamaba Darío? Pero tanto si era un rey como otro, pensé mientras seguía agitando el abanico, ¿qué se me daba a mí?"

Mary Renauld fragmento de "El muchacho persa"
la ilustración es una fotografía del Bagoas del film Alexander

martes, 23 de marzo de 2010



Cuando cerca de los trece años leí el Alejandro Magno de Mary Renault y luego la trilogía "Fuego en el paraíso" "El muchacho persa" y "Juegos Funerarios"comencé a soñar despierto con esas aventuras, con ese mundo exotico salvaje y sensual, deseaba haber sido el Gran Alejandro, o alguno de sus generales...

Hoy les copio un breve fragmento de El muchacho persa.
Baogas relata como fue arrancado a la fuerza de su destruido hogar y convertido en esclavo


...No me conservó consigo mucho tiempo porque necesitaba dinero.
En el patio del tratante de Susa, la ciudad de los lirios, permanecí de pie totalmente desnudo mientras ellos bebían vino de dátiles en unas pequeñas copas y regateaban acerca del precio.

A los muchachos griegos se les educa a no sentir vergüenza y están acostumbrados a la desnudez; nosotros somos más modestos. En mi ignorancia pensé que no hubiera podido caer más bajo.

Hacía escasamente un mes, mi madre me había reprendido por mirarme en su espejo diciéndome que era demasiado joven para presumir.
No había tenido tiempo más que de mirarme fugazmente el rostro. Mi nuevo propietario tenía otras cosas que añadir.


-Un auténtico pura sangre, la antigua raza persa, la gracia de un corzo. Mirad qué huesos tan delicados, qué perfil; date la vuelta, muchacho; el cabello reluciente como el bronce, liso y fino como la seda de China.


Ven aquí, muchacho, deja que lo acaricien. Cejas trazadas con pincel fino. Y estos ojos tan grandes pintados con bistre... Ajá, ¡estanques en los que se ahoga el amor! Estas manos tan finas no se estropearán fregando suelos. No me digas que te han ofrecido mejor mercancía en cinco o diez años.

Cada vez que él se interrumpía, el tratante le decía que no quería salir perdiendo. Al final le hizo la última oferta; el capitán dijo que aquello era robar a un hombre honrado, pero el tratante dijo que había que contar con el riesgo.

-Perdemos a uno de cada cinco cuando los castramos.
«Castrarlos», pensé mientras la mano del terror cerraba la puerta de la comprensión. Había visto cómo lo hacían con los bueyes en casa. No hablé ni me moví. No imploré nada. Sabía que no podía esperar piedad alguna del mundo...


la escultura es el famoso esclavo de Miguel Angel que se expone en el Louvre

lunes, 22 de marzo de 2010

Esta entrada no toca específicamente la relación Amo/esclavo, pero se refiere como todas las otras del blog a mi intimidad.

Son piezas sueltas de un rompecabezas que es dinámico porque se arma y se desarma permanentemente.
Son cosas que me gustan más allá de la diferencia de estilos y de origen.
Imágenes y sonidos que me emocionan de alguna manera.

Una copla que escuchaba de niño cuando la cantaba mi abuela y todavía no podía interpretar cabalmente su significado ...


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Pinturas del genial Caravaggio que descubrí en la escuela y que a medida que fue transcurriendo el tiempo valoré cada vez más...


La impactante obra de Bacon que me enseñó a ver y apreciar mi Amo


Gustos y preferencias, circunstancias de tiempo y espacio, nos van formando. Casualidades y causalidades influyen decisivamente en lo que somos.

Hoy soy materia maleable en manos de mi Amo, me desarma y vuelve a armar buscando hacer de mí un perro digno de acompañarlo.

sábado, 20 de marzo de 2010

Montar al cachorro de mi Amo es tan delicioso que no creo que exista macho que no lo disfrutaría intensamente.

Es una criatura que para definirlo con propiedad solo se me ocurre un adjetivo usado en Brasil y cuyo valor no es traducible a otro idioma con el mismo intenso sentido; stephan es un perro "gostoso".

Tiene un cuerpo de muchachito muy masculino y muscularmente definido.
Algunos detalles lo hacen único, como su pelo rubio bastante largo y perfumado, su cuerpo totalmente depilado y levemente tostado, sus nalgas prominentes que esconden una raja un poco más pálida por no estar expuesta al sol, y por último el agujero del culo que es su órgano más sensible. Un circulo de carne rosada y húmeda que palpita y late involuntariamente cuando se excita, y que su propietario puede soltar y ajustar a voluntad para succionar, abrazar y acariciar la verga que lo perfora.

Saber que es la perrita donde mi Señor descarga su morbo y su leche, haberle envidiado la forma en que se entrega entre los brazos de mi Amo, amoldándose como un muñeco desarticulado que lleno de fuego le trasmite su fiebre al macho que lo penetra; me ha hecho desearlo muchas veces mientras me ha tocado observar, y a veces imaginar, sus coitos.
Solo el deseo mucho más intenso de cambiar su lugar para que mi cuerpo ocupe su lugar y servir al placer del Amo desplazaba de mi cabeza en esos momentos las ganas de coger al cachorro.

Cuando el Señor me pidió que monte a la perra y que haciéndola gozar la inunde con leche, despertó con fuerza ese deseo que muchas veces reprimo.

El Amo más que observarnos participó con su presencia en el acto. Acercándose y alejándose alternativamente para susurrarle al oído al cachorro que gozara de mi verga, que me ordeñara para dejarme seco, para tocarme delicadamente con la yema de sus dedos los huevos ordenándome que fabricara mucha leche para calmar la sed de la puta, consiguió de nosotros el descontrol que buscaba.

Fue un torneo para ver quién estaba más caliente y dejar al Amo más satisfecho.

A propósito fui corriendo el cuerpo del perrito mientras lo montaba para que mi culo y mis patas abiertas al máximo quedaran en el primer plano de la mirada de mi Señor.
Se lo estaba ofreciendo, para que no le quedaran dudas que para El puedo ser el perro más puto del planeta.

jueves, 18 de marzo de 2010

Continúa mi rutina con el trabajo fuera de casa.
Muy poco han cambiado las cosas; salvo los encargados, el resto de los trabajadores de mi condición cambian casi a diario, y la comunicación con ellos se limita a algún gesto de saludo.
El esfuerzo físico sigue siendo el mismo, pero algunos días se me hacen muy pesados
El frío de las cámaras es mi enemigo, a eso creo que nunca podré acostumbrarme.

Ayer estuve toda la jornada en contacto con pescados, y cuando retorné a casa apestaba.
Normalmente no veo a mi Señor a esa hora pero se dio la circunstancia que nos cruzamos a la entrada.

Me ordenó que lo esperara y al rato se presentó en la bodega con una fuente con limones.
En nuestro baño, el de los perros de la casa, fue exprimiendo todos los limones sobre mi cuerpo.
Ustedes ya se imaginaran que en algunas partes me ardía cuando refregaba las mitades cortadas a cuchillo.

Me hizo sentir como a uno de los pescados que yo había sacado de las cámaras, al que se lo adoba para asarlo y comerlo.

Y en sentido figurado eso fue lo que mi Amo hizo. Me encendió con sus caricias y luego se sirvió del plato. El polvo resultó explosivo y no se me permitió el desahogo.

Después una ducha fría y la cena.
A la madrugada me desperté eyaculando.
Estoy esperando el castigo que el Amo considere por ser tan débil.

martes, 16 de marzo de 2010




El dolor es una advertencia.
Es una advertencia de peligro.
El cuerpo reacciona alejándose de la fuente del dolor, para salvarse del peligro que lo acecha.

Cuando mi Amo me causa dolor, mi cuerpo lo disfruta y lucha por huir y por quedarse.
Porque mi Amo me da seguridad, porque sé que El me salvará del peligro.
En sus manos no corro riesgos, me sostiene cuando me asomo al vacío, cuando las fibras de mi cuerpo vibran sacudidas por la amenaza del miedo a lo prohibido, a lo desconocido.



Estoy suspendido en el aire flotando sobre un pozo oscuro donde ruge el viento y el vértigo me llama al fondo; pero no me caigo, porque mi Amo me sostiene con firmeza tomándome del cabello, me permite balancearme, dejarme llevar por las corrientes, pero el dolor del cuero cabelludo que se trasmite a todo mi cuerpo me recuerda que allí está El, sosteniéndome y al final rescatándome.

No sería capaz de asomarme a la sima profunda sin la tutela de mi Amo.
A El le debo el coraje y el goce, y el dolor que no quiero evitar.

domingo, 14 de marzo de 2010


"En el sometimiento erótico, el miedo al poder del amo ocupa el lugar del miedo más profundo: el miedo a la separación que se siente como muerte"

Dice el famoso analista J.Benjamin

El miedo, siempre presente, reside en el poder que el Amo tiene para decidir y ejecutar la separación.
La separación, para el esclavizado por amor, es más dolorosa que la muerte.

sábado, 13 de marzo de 2010

jueves, 11 de marzo de 2010

Amigos, quiero compartir con ustedes esta hermosa canción

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a mi Amo y Señor le debo la dicha de comer y beber de su mano, de ser su perro

domingo, 7 de marzo de 2010


El Amo a vuelto a usarme.

Amarró mi cuerpo, el cuerpo de su perro, con las patas delanteras y traseras sujetas firmemente por cuerdas, de esa unión me colgó para que quede suspendido en el aire.

Me otorgó la gracia de no vendarme para que pueda verlo, que pueda contemplarlo mientras me trabajaba.
Su rostro estaba muy sereno, mucho más que de costumbre.
Su pulso firme como siempre.
Su cuerpo desnudo fue cubriéndose con una fina capa de sudor a medida que el tiempo transcurría; ese sudor empezó a destacar sus vellos rubios pegándolos a la piel humedecida.

También me dejó libre la boca, para regalarme el placer de lamerlo cuando estuviera al alcance de mi lengua.

Mi Señor ya conoce el efecto que me causan las descargas eléctricas y fue administrando la potencia de menor a mayor en los pezones, el escroto y el interior del ano, llevándome al límite del orgasmo.

Cuando notaba que por más que quisiera resistirme no dejaría de correrme detenía la sesión y se acercaba a mi boca abierta y babeante para que me calmara chupando su verga y sus bolas.

No conté las veces que interrumpió las descargas porque había perdido mi condición racional al tiempo de empezar.
Lo que sí puedo afirmar es que por último sentí su carne en mi interior, había perforado mi culo con su pija dura como una piedra, y quedándose inmóvil dentro mío, con el control del juego en sus manos me sacudió con una descarga eterna y violenta el escroto y las tetillas, hasta que estallé con borbotones de leche.

El Amo no quitó la presión de sus dedos sobre el control a pesar que este perro había ya sido ordeñado; el dolor y la excitación se irradiaban desde los puntos tocados hasta mis cabellos, hasta la planta de los pies y eran tan intensos que no me dejaba respirar.

Mi Señor desenfundó su miembro de mi culo, soltó por fin el control y le ordenó al cachorro, a stephan que todo el tiempo estuvo observando, que le mame como el sabe hacerlo hasta vaciarle los huevos.

Después de eso el Amo se retiró y el cachorro me ayudó a desatarme y a ponerme de pie con dificultad.

Recién en ese momento observe que tenía un poco lastimada la piel de las muñecas y de los tobillos y que había mojado el piso que estaba bajo mi cuerpo.

El Amo ha vuelto a usarme, y estando en sus manos se hace más evidente que mi vida tiene un sentido.

lunes, 1 de marzo de 2010

Amigos, en mi vida se han producido algunos cambios importantes en este último mes.

La soberbia, de la que ya varias veces había sido advertido y por ello reprendido y castigado, me llevó a desafiar el poder de mi Amo.

Con la excusa de brindarle todo mi ser, me ofrecí a ser la víctima de un sacrificio supremo, y le rogué a mi Señor que lo ejecutara.

La primera reacción de mi Maestro fue la hacerme entrar en razón apelando justamente a ella, y reconozco que es lo que siempre me falta y muy especialmente en esos momentos.

Me apartó de la rutina y me regaló un fin de semana en el mar, con el intento de que sintiera nuevamente el contacto con un ambiente que me es tan grato y estimulante.

Por unos días me sentí engañosamente liberado. Pero volví a tener conductas impropias de un esclavo que idolatra a su Amo.

Las torturas físicas me exaltan, y que el Amo me las proporcione es un placer para mi.
Mi Señor bien lo sabe, porque conoce todos mis defectos en detalle, y no eligió esa forma de encarrilarme.

Esta vez el remedio a tantas torpezas vino por el aislamiento. La falta de contacto con el ser que amo con toda mis fuerzas terminó por doblegar mi absurda rebeldía fruto de la soberbia y la inconsciencia.

Después de rogar y obtener su perdón, tal como lo ha hecho muchas veces antes, el Amo me impuso una disciplina dura para mi, pero que justamente por eso, por lo que me afecta (en el buen sentido de la palabra) ruego aparte de mí las fallas que no me permiten ser un perro digno.

De martes a domingos, entre las 6 am y las 16 am, trabajo como estibador en unas cámaras frigoríficas donde se almacenan pescados y frutas.

El Amo con uno de sus contactos arregló todo, y estoy tratando de hacer las cosas tan bien como para que nadie le pueda reprochar ninguna falta.

Todas las mañanas el casero de mi Señor me conduce hasta el trabajo y todas las tardes me pasa a retirar.

El esfuerzo físico por más que sea agotador (las pausas fuera de la cámara son breves) ya que no estoy calificado como para manejar un autoelevador y lo mio es todo tracción a sangre, no me asusta: lo tomo como un desafío y he notado muestras de aprobación y asombro de los jefes, por la rapidez y entusiasmo que pongo en la tarea.

No comprendo el idioma, las instrucciones me son dadas con gestos y dos o tres vocablos en inglés, lo mínimo e indispensable. Por lo tanto el contacto con compañeros de trabajo (los que manejan los autoelevadores o entregan las órdenes) es nulo.

La lenta marcha el reloj en las horas que estoy fuera de la casa es lo que me pesa.
Ansío volver y aunque el Amo no me reciba ni comparta su tiempo conmigo, me reconforta saber que estamos bajo el mismo techo, y que el milagro puede suceder.

Y ayer, después de once días el milagro sucedió. Se abrió la puerta de la bodega y el Amo apareció.

No había recibido ninguna orden suya respecto a privarme de orgasmos, pero en todos esos días ni se pasó por mi mente desear una satisfacción sexual.
El torbellino de emociones al sentirme nuevamente abrazado, besado, mordido y penetrado con pasión por mi Señor me desarticuló al punto de no poder frenar el temblor y el llanto.


Cada día me convenzo más de aquí hay demasiada calidad de Amo, para tan miserable perro.
Lucharé para intentar mejorarlo.

besos para todos los que leen.

martes, 23 de febrero de 2010




Débil cuerpo de perro, que goza tanto con el sacrificio que su Amo le impone, como con los placeres básicos con que lo acaricia.

Señor permiteme la soberbia de invocar al sabio, al poeta, a Omar Khaayam:

"los mediocres y los orgullosos establecen un distingo entre cuerpo el alma"

"un poco de pan, un poco de agua fresca, la sombra de un árbol y tus ojos. Ningún Sultan más feliz que yo; ningún mendigo más triste"

sábado, 13 de febrero de 2010

lunes, 8 de febrero de 2010

Habla mi Amo

Amigos, este post tiene como propósito permitir que el Amo deje un mensaje.
Voy a aprovechar para comunicarles que estamos de regreso, que fuertes dosis de mar, de sol y de amor me han hecho muy bien.
El Amo quiere que por ahora descanse, por lo que estaré ausente del blog hasta que El lo considere prudente.
El post ya se publica, mi Señor podrá incluir su mensaje que es para ustedes, y ustedes podrán cambiar opiniones como siempre con El.
Gracias por estar aquí, un beso para todos.
ayax

sábado, 30 de enero de 2010

Rubens y Goya ilustran la escena mitológica de Cronos/Saturno devorándo a uno de sus hijos.
La interpretación más aceptada de la metáfora de esta fábula se refiere al poder destructivo del paso del tiempo.

Las Saturnales, importantes festividades durante el Imperio Romano, llegaron a denominarse "las fiestas de los esclavos" ya que en las mismas, los esclavos recibían raciones extras, tiempo libre y otras prebendas. Durante las Saturnales, los esclavos eran frecuentemente liberados de sus obligaciones y sus papeles cambiados con los de sus dueños.

Volver a la rutina después de ese carnaval de libertad ponía en evidencia la condición diferenciada de Amo y esclavo.


Los esclavos que tenemos un Amo amado, gozamos con la entrega de nuestro cuerpo y deseamos ser devorados por nuestro Dios.

jueves, 28 de enero de 2010

Heute treff' ich einen Herren
Der hat mich zum Fressen gern
Weiche Teile und auch harte
Stehen auf der Speisekarte
Denn du bist, was du isst
Und ihr wisst, was es ist...
Es ist mein Teil - nein
Mein Teil - nein
Da das ist mein Teil! - nein
Mein Teil - nein
Die stumpfe Klinge - gut und recht
Ich blute stark und mir ist schlecht
Muss ich auch mit der Ohnmacht kämpfen
Ich esse weiter unter Krämpfen
Ist doch so gut gewürzt und so schön flambiert
Und so Liebevoll auf Porzellan serviert
Dazu ein guter Wein und zarter Kerzenschein
Ja, da lass ich mir Zeit
Etwas Kultur muss sein
Denn du bist, was du isst
Und ihr wisst, was es ist...
Ein Schrei wird zum Himmel fahren
Und schneidet sich durch Engelsscharen
Vom Wolkendach fällt Federnfleisch
Auf meine Kindheit mit Gekreisch


Se buscan personas en buena forma,
entre dieciocho a treinta años para ser asesinadas.
El Carnicero Maestro.

Hoy conocí a un caballero
y quisiera que el me comiera,
Partes blandas y partes duras
están a la carta.

Porque tú eres
lo que comes
y tú sabes
lo que es eso

Es mi verga, no
mi verga no
Porque es mi verga, no
mi verga no

El cuchillo esta un poco afilado, sera bueno y apropiado
Me desangro y me siento enfermo
Aun así debo mantenerme despierto
Y continúo comiendo mientras me convulsiono

Está tan bien sazonada
y tan bien flambeada
y tan cariñosamente servida en porcelana
Y para acompañar, un buen vino y una gentil luz de vela
Sí, me tomaré mi tiempo
Debes de tener algo de cultura

Porque tú eres
lo que comes
y tú sabes
lo que es

Un grito subirá al cielo
Y cortará hasta a los propios ángeles
Plumas y Carne caen estrepitosamente
desde lo alto de las nubes sobre mi infancia


video

lunes, 25 de enero de 2010




Amigos, observen esta fotografía.

Deseo fervientemente ser como ese perro.
Poder sostener la mirada de mi Señor con la inocencia y la devoción al Amo que tiene ese animal.

Ojalá algún día llegue en tener esa pureza en la entrega.





Mi Señor por razones que no debo conocer estaba alterado.
Había pasado mucho tiempo con el ordenador y el teléfono a pesar de ser día feriado.

Me llamó a última hora de la tarde, y por suerte pude servirle para distraerlo y distenderlo.

Salimos a la varanda de los fondos de la casa, los dos desnudos. Mi Amo trajo consigo el flogger de crin de caballo que es el preferido de los dos.

No quiso atarme para inmovilizarme, por lo tanto yo sabía que tendría que poner una cuota de atención para no dejarme llevar por el instinto y moverme para esquivar los latigazos.

Con los brazos en alto, las manos tomadas en la nuca, me expuse para la sesión.

Las primeras caricias del flogger arden y calientan, y están dadas de cerca para que la velocidad de las crines sea menor.

Las siguientes dadas a más distancia, con saña sirvieron para que mi Señor descargue sus energías negativas.
En ese caso soy como un imán que absorbe las tensiones del Amo, y el látigo es el agente transmisor.

Ya saben que mi piel, que es mate por naturaleza y morena por el Sol que no se me niega, tarda en ponerse roja. Pero cuando terminó la sesión parecía una brasa, con rayitas más brillantes que el resto.

El Amo estaba sudado y solo me permitió unos segundos pasar mi lengua por su piel. Pero quiso que lo bañe.
No es la primera vez que lo hago y ya sé que le gusta.
Masajé sus hombros en la ducha y también sus piernas.
Con una toalla sequé sus cabellos primero y luego le acaricié el cuerpo sin hacer presión.

Le mamé la pija antes de que cenara, y ese regalo de semen me curó de todos mis ardores.

Siempre a sus pies lo acompañé a la hora de comer.
Comí de su mano lo que quiso compartir conmigo.

Me llevó a su habitación para dormir.
En este clima tan caluroso le gusta encender el aparato de aire acondicionado y calibrarlo a 17 grados centígrados, el ambiente se enfría por demás y es necesario cubrirse, el Señor lo hizo con una manta de grueso algodón.

Me enrrosqué en la cama a sus pies y tuvo la bondad de descubrirlos, para que yo tuviera la tarea de darles calor.

A pesar de lo ardida que tenía mi piel en la madrugada no pude dominarme y comencé a tiritar.
Desperté a mi Señor y me sentí el más miserable de los perros.

Pero El, generoso me llamó para que compartiera su calor y comenzó con un abrazo que me caldeó el cuerpo, y culminó con su leche en mi interior que me quemó en la hoguera del placer de dar placer al Amo.

Cuando ya había amanecido, y recordando aquellos días que pasamos juntos en la playa me puse su verga en la boca para que pudiera orinar sin tener que levantarse.

En plan de repetir esos momentos, me llevó al baño para que lo observara defecar.
Luego con un gesto me dio permiso para que lo limpiara con la lengua.

Mientras lo hacía notó lo excitado que yo estaba.
Me preguntó cuanto hacía que no eyaculaba.
- Desde la última vez que me dio permiso Señor, hace tres días- le contesté.

-Puedes hacerlo ahora- me dijo

Obedecí su orden. Y acabé como corresponde a su perro. Con mi cara hundida en su culo, con mi lengua limpiando y adorando su intimidad.
A sus pies.

El Amo abrió las llaves de la ducha y consideró que era ya suficiente el premio y me despachó fuera de su baño y de su habitación.

Me siento feliz, son momentos cotidianos que ruego se sucedan mientras viva.

viernes, 22 de enero de 2010


Estoy pagando una deuda.

Con esta entrada en el blog estoy pagando una deuda con k...

No tengo forma de hacerlo en privado, como tal vez a él le gustaría. Pero yo no tengo vergüenza de hacerlo en público.

Es verdad que este público del que hablo está compuesto solamente por ustedes lectores.

Y por respeto a ustedes y en agradecimiento a k... trataré de justificarme para que todos me entiendan.

k... (ká, o cá, es como suena su nombre) hizo contacto conmigo en el infierno.

Mi infierno es un sitio y un espacio en el tiempo real;
está en este mundo.
Geográficamente lo ubico en las afueras de la ciudad de Boston, en USA, en una casa a la que fui llevado el año pasado.

Mi hermano k... (querido te pido permiso para llamarte hermano) es un perro como yo.
Y como todos los perros de la calle es feroz cuando se defiende y es infinitamente tierno cuando ruega compañía, cuando pide ser aceptado para sentirse "de alguien" y dejar de ser "de nadie".

Fue ese perro de la calle, que ya había pasado por muchos abandonos y por muchos castigos dados sin cariño, el ser que se acercó a otro semejante, también golpeado por las circunstancias, para manifestarle su comprensión, para intentar curar las heridas del golpe.

En ese momento me encontraba ciego y sordo, y en principio rechacé su afecto.
Pero él comprendió que debía insistir, sin agresiones, dulcemente, como lo puede ser un perro curtido por la vida con otro que quiere dejar de vivirla.

Las palabras que en ese momento no quise escuchar, a pesar de mi rechazo quedaron grabadas en mi mente.

Mi vida dio un vuelco gracias a la grandeza de mi Señor; hay que ser muy grande y muy generoso para desandar pasos que se dieron con firmeza y con la convicción de que eran los más acertados; y retroceder, y rectificarse porque los signos que le da la vida para interpretar contradicen sus decisiones.

La venta finalmente abortada podría haber sido lo mejor para un perro y para su Amo.
Pero falló, porque no eran lo mejor para este Amo y para este perro.

Y entonces después de la pesadilla amaneció.

Allí en el infierno quedo k...
Y como dije antes en mi quedaron sus palabras y sus gestos generosos, y en su momento incomprendidos.

Este instrumento por donde hoy nos comunicamos consiguió la magia de que k... reaparezca al reconocerme leyendo los blogs.

No es de hoy, ya lo sé. El ha dejado comentarios, se ha comunicado con mi Amo y espero que lo siga haciendo.

Hoy he querido darle las gracias que no le dí en su momento, y pedirle perdón por haber sido tan torpe y tan ciego.

k... mi Amo, el Señor Germán, me da permiso para hacerte saber que te recuerdo con mucho afecto, y para mandarte un fuerte abrazo.

miércoles, 20 de enero de 2010

En un post anterior intenté explicar como procesan mis sentidos los estímulos del dolor físico que me impone el Amo.

Después de leerlo mi Señor se hizo presente en la bodega que comparto con stephan.

Me ordenó tenderme boca arriba sobre mi cama, llevó mis dos brazos hacia arriba y los amarró atándome las muñecas y sujetando una soga por debajo y a través de la cama hasta sacarla por los pies y con esa misma soga sujetarme los tobillos.

Con una seña le indicó al cachorro que me lamiera la pija hasta erectarla y humedecerla con saliva, mientras El comenzó a besarme el pecho deteniéndose en los pezones.

Antes de conocer a mi Señor, ya sabía que las caricias en mis tetillas me daban placer; pero El me descubrió hasta que punto eso era posible.

En primer lugar consiguió que se desarrollaran ejercitándolas como si fuesen músculos con pinzas y con ventosas. Tirando de ellas, pellizcandolas, mordiéndolas.

Creo que fue la parte de mi cuerpo que más rápido asoció el dolor con el placer, y ahora con un simple estímulo mi Señor consigue que mi pija destile pre-cum.

Cuando el Amo y stephan empezaron a succionarlas cerré los ojos e intenté relajarme para no dejarme llevar por mi placer y estar atento a lo que buscaba el Señor con este juego.

Los jugos que destilaba mi pija unidos a las babas que el cachorro había dejado me tenían muy lubricado, tomé conciencia de eso cuando sentí la mano de mi Amo masturbándome, apenas apretándome el miembro y acariciándolo a ritmo muy lento.

Le ordenó a stephan que succionara con toda la fuerza de la que fuera capaz, el hizo lo mismo.

Ya no me podía dominar tanto y comencé a tensarme, arqueando la espalda y levantando el pecho ofreciéndolo.

-Muérdelo- dijo el Amo con un susurro ronco, sin dejar de masturbarme. Y los dientes del cachorro se clavaron con violencia.
-Suéltalo- dijo y entonces fue El quién me mordió con fuerza el otro pezón.

Estuvo practicando estas mordidas alternadas por varios minutos, sin cambiar el ritmo de la paja.
Yo me sentía como si hubiese metido los dedos en un enchufe y la electricidad me recorriera el cuerpo; pero no originándose el choque de la corriente en los dedos sino en los pezones.

-Métele la lengua en el culo- le ordenó al cachorro y mi cuerpo sumó sensaciones placenteras.

Los mordiscos eran cada vez más fuertes, o así me lo parecía porque la sensibilidad de mi piel se había incrementado.

-Acaríciale la próstata con el dedo, y usa la lengua para humedecerle las pelotas-

A todo stephan correspondía como perro obediente que es y como experto en darle placer a un hombre que también es.

El Amo acercó su boca a mi oído para decirme:
-Voy a soltar tu pija, voy a causarte un gran dolor y cuando sientas que ya no lo soportas vas a correrte.
Noté gran excitación en su voz, verlo en ese estado y sabiéndo que en parte era por mi causa me libera y me ciega al mismo tiempo.
Le indiqué que así lo haría mientras El me metía la lengua en la oreja y la llenaba de saliva.

Me sorprendió la dentellada en el pecho, no en las tetillas donde la esperaba sino que con toda su boca abierta mi Señor me mordió el músculo del pecho izquierdo, clavándo los dientes y tirando con intensiones de desgarrarlo.

Grité y acabé al mismo tiempo y mientras duraron mis convulsiones el Amo no soltó la presa.

Me besó y sentí el gusto salado de mi sangre en su boca. El cachorro aprovechó para limpiar con su lengua el producto de mi ordeñe.

El dolor y la excitación me hacían temblar, pero me sentía abrazado y besado y traté de componerme respirando profundo y pausado.

De cualquier forma hasta que el Señor no me aplicó un calmante no pude descansar.

No solo me duele pecho, siento dolor también el brazo izquierdo, pero no es algo que pueda soportar.




Veo en el espejo la marca de sus dientes y pienso que tal vez su deseo de devorarme sea tan grande como el mio de ser devorado.

lunes, 18 de enero de 2010


El dolor me duele.
No disfruto experimentando dolor por el dolor en sí, el dolor me duele, como a cualquier ser vivo supongo.
Mi cuerpo es tan sensible al dolor físico como cualquiera. O tal vez más.

Pero me causa una emoción violenta, violentísima a veces, que me sacude y conmociona todas la células del cuerpo.
Es como si por efecto de una droga los sentidos se agudizaran, el cerebro se desbloqueara y recibiera al mismo tiempo y con mucha intensidad los mensajes que cada una de las terminaciones nerviosas le enviaran.

Mi Señor ha sido quien poco a poco me ha abierto esas puertas.

Esa emoción es la que me atrae, por la que siento vértigo, es una fuerza que me asusta y me llama, que me es irresistible.

Los roces de placer que recibo durante o después de las sesiones se multiplican en intensidad producto de esa excitación violenta.

Nunca sospeché que podría gozar de esa forma que llamaría profunda. Profunda porque el placer nace en mi interior profundo y explota hacia la periferia del cuerpo como una bomba.

El contacto con el Ser que me provoca este éxtasis, mi Amo, no lo puedo describir como he intentado hacerlo hasta ahora con las consecuencias del dolor físico (que releyendo lo arriba escrito reconozco que además de confuso es mezquino, no llego a expresarme; no se expresarme en relación a la intensidad de lo que siento)

Intenté escribir estas líneas con la mente fría, tratando de analizar y de ser coherente. Pero es inútil. Las razones de los sentimientos, de la sangre que me llena el cuerpo no puedo elaborarlas intelectualmente.

Agradezco a mi Amo que me ha mostrado que la materia que soy puede vibrar como jamás lo había soñado.

viernes, 15 de enero de 2010



La sien me late y arde, la garganta se me cierra, los ojos lagrimean, los oídos zumban.


Después el tiempo se detiene,. Hasta que la llama de un latigazo me vuelve a la realidad.


A ese latigazo le siguen muchos otros; a todos les agradezco porque me despiertan el cuerpo dormido, me hacen sentir la sangre nuevamente circular, me desagotan la cabeza que se ahogaba. Me abren los poros que vuelven a sudar.


Le sigue una pausa de silencio, de inmovilidad, de incomodidad, que me angustia, haciéndome desear que vuelvan los latigazos.


Esa angustia se convierte en desesperanza y me abandono nuevamente al aturdimiento que me causa el colgar solo sujeto por los pies.


Cuando siento que me desatan los brazos estoy tan rendido y relajado que los dejo caer. Y no tocan el piso.

Estoy suspendido lejos de suelo y comienzo a balancearme.

Aunque siento vivas y calientes las manos, no tengo fuerzas para impulsar el cuerpo y tratar de sujetarme los tobillos para poder elevar el tronco y aliviar la congestión.


En ese cada vez más acelerado vaivén me contengo al borde del vómito.


De pronto la suavidad de una toalla limpia me envuelve y el cuerpo fuerte del Amo me sujeta y aprieta en un abrazo.


Me están descolgando mientras me acurruco refugiándome en el calor protector de mi Señor.


Recién en ese momento escucho una música que ha estado sonando siempre, que había estado oyendo mezclada con otros sonidos, con otros zumbidos.


Cuando el Amo me quita el antifaz ciego, permanezco con los ojos cerrados.

Mi cara ha quedado en contacto con su pecho desnudo.

Casi sin darme cuenta primero beso y luego me prendo de su pezón para mamar como si se tratara de una teta.


El Amo no me rechaza, al contrario me acaricia la cabeza.



miércoles, 13 de enero de 2010



Para los creyentes seré sacrílego, pero para los que elegimos vivir para servir a nuestro Amo lo que diré a continuación no será extraño.

Adoro en el sentido más amplio de la palabra a mi Señor, nada de El me desagrada y todo en El admiro.

Pero el semen de mi Amo, aquel que fabrica y expulsa en el momento de su éxtasis es para mí sagrado.

Es su esencia, es la parte de su ser que se desprende para generosamente brindársela a un otro, llámese hombre, animal, llámese ente, llámese cosa privilegiada que la recibe.

Esa esencia no puede desperdiciarse; y en mi soberbia, por la que debería ser castigado, deseo ser siempre yo el beneficiado por su don.


Consciente de esa mi falta, acepto, podría decirse que busco (y aquí otra manifestación de mi pecado de soberbia ante el Señor) el castigo más duro, la tortura más dolorosa, para pagar de alguna manera la recompensa del semen de mi Señor, aunque sé que es impagable por más que trate de achicar la deuda.

Ese néctar con el que a veces me alimenta, lo paladeo, juego con el en mi boca, lo trago lentamente mientras agradezco la fortuna de haberlo recibido.

Cuando se descarga preñandome en el fondo de mis tripas, lucho por retenerlo hasta, que cuando los esfuerzos son inútiles lo recojo con mis dedos, ya licuado pero todavía conservando su tibieza gracias al calor de mis entrañas y me lo llevo a la boca para que vuelva a mi interior, ahora para siempre.

Y ahora aquí estoy, esperando por las penitencias, por las flagelaciones, por el dolor más intenso que provoque la lujuria y el éxtasis del Amo, para beber de su fuente y seguir viviendo.

lunes, 11 de enero de 2010


Acabo de enterarme que una hermana, la kajira jjadde, ha cumplido un año como esclava.

Esa es también mi condición.

Y por un momento, me he cuestionado porqué hoy soy esclavo.

Siempre he sido curioso, siempre me apasionó el sexo, me apasionó la belleza, me sentí atraído por los cuerpos bellos, de hombres y mujeres, traté de parecerme a ellos físicamente, fui promiscuo, jugué todos los juegos.

Como dije antes, atraído por las mujeres más femeninas y por los varones más masculinos probé en la cama todos los roles.

La cultura y el humor que es una manifestación de la inteligencia también me subyugan.
He sido engreído, y me he pavoneado haciendo gala de mi físico y mis conocimientos.
No he valorado lo suficiente a los que mucho me quisieron, porque sentía que ellos estaban obligados a hacerlo.

Los he manejado, he tratado consciente e inconscientemente de tener siempre el control.

¿Qué me ha pasado? ¿Como puedo hoy decir que soy, que me siento esclavo?

Producto de la curiosidad y de la pasión los juegos sádicos y masoquistas me atraían, pero siempre a nivel de juegos sin comprometerme, y fundamentalmente asumiendo el rol de dominador.

¿Y si hoy juego ha ser esclavo? me dije un día de mediados del 2008 en los que me sentía aburrido y solo.

Me asocié a una red de contactos y me definí como esclavo.
Seguí el juego cada vez más comprometido, cada vez más involucrado en el rol, pero negándome a ser realmente sometido.
Solo eran chateos, sugerencias, relatos que imaginaba y escribía viviendo en la ficción ese rol.

Hasta que la realidad virtual se convirtió en un Hombre (no lo escribo con mayúsculas por error) que vino por mí, vino para hacerse con el esclavo que se le había ofrecido.

Ese Hombre se encontró con un ser extraño, que no valoraba lo que tenía; aunque tenía mucho, que quería jugar para pasar el tiempo, que goloso se devoraba las comidas, las bebidas y las personas si eran lo suficientemente ricas.

Pero ese ser extraño en el fondo lo que buscaba sin saber, era llegar más allá, conocer el más allá de él mismo.

Ese Hombre, que hoy es mi Señor, supo tomar al desorientado y orientarlo.
Hoy es mi guía y ni se me ocurre cuestionarlo.
Porque me ha domado, primero la mente y luego el cuerpo, me ha seducido con la profundidad que tiene esa palabra que de forma tan frívola acostumbramos a usar.

¿Hoy soy esclavo?

No es tan simple como parece.

Hoy, que es para mí la eternidad: soy su esclavo

Aunque parezca fundamentalista lo afirmo: no concibo la vida sin mi Amo, no concibo ya la vida sin ser su esclavo, no concibo la vida siendo el esclavo de otro o de otros.

¿Que es lo que soy?

Solo soy el esclavo de mi Señor

viernes, 8 de enero de 2010



Ya les he confesado que todo lo relacionado con las quemaduras o las posibles quemaduras me causa espanto; entre otros, los juegos con cera caliente.

Las primeras gotas que caen sobre la piel causan en mí dolor y miedo; pero para ser sincero si el juego se prolonga y la cera derretida se derrama sobre una capa anterior de cera seca, el efecto disminuye y soportarlo es muy fácil.

Mi Amo no ha querido esta vez hacérmelo fácil.

Primero me amarró sobre la mesa, boca arriba con brazos y patas bien estiradas.
Ató con varias vueltas de soga mi verga y bolas, apretándolas para que la piel por la erección y estiramiento se mantengan tensas.

Por fin me colocó una mordaza de bola de goma y apagó las luces para que nos ilumináramos solo con unas seis velas de distinto tamaño que tenía encendidas.

Seguramente no quería escuchar mis quejidos ahogados por la mordaza porque encendió el audio que, con el volumen alto reprodujo música de Bach interpretada por un dúo de órganos.

El tratamiento esta vez se limitó a los genitales: verga y huevos.
Solamente eso; solamente la zona más sensible de mi cuerpo que gracias a la sangre agolpada por el estrangulamiento del lazo estaba más sensible que nunca.

Con mucha paciencia el Amo se dedicó a bañar primero bolas y luego pija comenzando por el tronco y terminando por el glande descubierto con cera.

Cuando consideraba que había pasado la prueba con éxito, porque a pesar del pánico que me obligaba a morder la bola de goma con fuerza había conseguido no mover ningún músculo, salvo algún estremecimiento leve e involuntario; cuando estaba esperando que siguiera con otra parte del cuerpo o que continuase con otra capa de cera, mi Señor con sus dedos comenzó a quitar las cascaras secas hasta dejar la piel desnuda e irritada... para ante mi espanto repetir el baño ardiente.

Para la quinta vez, ya hacía rato que me revolvía en la mesa a pesar de las ataduras, sentía en mi espalda la madera mojada por el sudor, y la parte donde apoyaba mis nalgas cuando me movía hacía el típico chasquido de la piel sobre otra superficie mojada.

Fueron cinco baños, uno más bravo que el otro, fueron cinco las veces que cuando se desprendía la cera seca creía que se llevaba consigo varias capas de piel.

Fue para mi Amo una sesión sencilla, pausada, para su perro esclavo atado a la mesa por momentos una pesadilla de la que quería huir y no podía, y por momentos un deseo intenso de sufrir más y de agradecer a mi Señor que tanta dedicación y sabiduría dedicaba a que este esclavo experimentara el dolor intenso.

Manteniéndome atado a la mesa, stephan me retiró la mordaza mientras el Amo desataba la soga de mis genitales.

Inmediatamente el cachorro llevó mi pene al rojo vivo al interior de su boca.

Oh sorpresa, stephan tenía la boca llena de agua helada!
Por instrucciones de mi Amo cuando sentía que el calor subía escupía en un recipiente el agua, se hacía otro buche de agua fría y volvía a tragarse mi verga a la que acariciaba con su lengua.

El Amo se acercó por detrás en la mesa y colocó su miembro erguido en mi boca.
No puedo describir lo que siento cuando me lo ofrece para mamárselo.

Y por otro lado el cachorro es de lejos el mejor mamador que he conocido.

-ayax, tienes permiso para acabar- dijo mi Señor, y sacudido por un fuerte orgasmo alimenté a stephan, que solo te suelta cuando estás seco y te has retorcido como un loco al sentir su lengua rasparte la pija ultrasensibilizada después de semejante sesión y de semejante orgasmo.


Apagaron la música, se llevaron las velas, salieron de la habitación y quedé sobre la mesa agotado.

Quizás pasaron dos horas cuando volvió stephan; me desató me ayudó a levantarme, nos dimos una ducha fría y nos acostamos.

No me contó que sucedió esas dos horas en las que quedé solo y atado.

miércoles, 6 de enero de 2010


Desde el regreso del Amo el ambiente está cargado de sexo.

Se hizo presente en la bodega cuando stephan me estaba aplicando la crema desinflamoria y notando la excitación de ambos quiso que montase al cachorro en su presencia.

stephan inmediatamente me ofreció el culo que unté con la misma crema, y sabiendo que el Amo observaba como sus perros se acoplaban traté de lucirme.

La juventud del cachorro y sintiéndose libre al saber que su Señor no lo estaba usando y restringiéndole el orgasmo hizo que no tardara en correrse.
Mientras yo lo seguía perforando el ano comenzó a recular para ponerse a la altura de su acabada y lamer el piso para limpiarlo.

Mi Señor me arrancó con violencia del culito al que me sentía abrochado como todo buen perro y me sentó sobre su verga erecta sin preparar antes para nada mi agujero.

El mismo gritó.
Mi culo solo mojado por el sudor opuso resistencia y la perforación violenta le debe de haber causado dolor en su pene.

Yo me sentí partido y al mismo tiempo agradecido de sentir después de mucho tiempo la daga de mi Señor lastimando el centro interior de mi cuerpo.

Mantuve con gran esfuerzo las ganas de ejacular mientras resistía el dolor y gozaba las sensaciones que por unos creo que treinta minutos gloriosos, el Amo me serruchó hasta derramar su leche en mis tripas ardidas.

No tardamos en reanudar los juegos.
stephan recibió simultáneamente en su culo la verga de su Amo y la de este perro.

Pagué tamaño privilegio más tarde, cuando el Señor mordió cada una de mis nalgas hasta sentir el gusto de la sangre.

Las mordidas duelen mucho en el momento en que las recibes, y creo que bastante más la hora siguiente, o tal vez las dos horas.

He visto las marcas en un espejo.
La forma de los dientes del Amo en cada uno de mis glúteos.
Creo que las llevaré por mucho tiempo.

Quisiera que el Amo me paseara desnudo en cuatro patas por el parque para lucirlas, creo que no sentiría ninguna vergüenza.
Relacionado con mi Amo nada es importante.

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